El mundo militar de Egipto

Tutmosis III sólo llegó al trono de Egipto porque su padre, Tutmosis II, no había tenido descendientes masculinos. Tutmosis disponía de una extraordinaria capacidad militar. Tutmosis III forjó un imperio que iba desde la actual Siria hasta la cuarta catarata del Nilo, en lo que hoy es Sudán. Con ello, los dominios del Egipto faraónico alcanzaron la máxima extensión.

Los antecesores de Tutmosis III habían desarrollado unas fuerzas armadas profesionales, pero fue él quien las convirtió en un eficaz instrumento de conquista y defensa. El faraón era el comandante en jefe de todos los ejércitos de Egipto. Diversas inscripciones destacan que su hijo, Amenhotep II, aprendió a usar armas desde su infancia y demostró su habilidad en el manejo de carros y arcos. 

Por debajo del rey, era el visir, quien daba las instrucciones a los oficiales de las dos regiones militares con capital en Menfis y Tebas. Las principales secciones del ejército eran la infantería, la flota fluvial y los carros de guerra.

Las operaciones militares se diseñaban teniendo en cuenta el clima. Salvo en casos de emergencia, las campañas contra enemigos africanos se realizaban en invierno y las expediciones contra territorios asiáticos se preparaban para el verano. De esta manera los egipcios evitaban el calor y el frío más rigurosos, que podían convertirse en enemigos funestos.

Las tropas estaban formadas por soldados profesionales egipcios y nubios. Los militares acuartelados recibían regularmente pan, carne de buey, verduras y cerveza. Cuando marchaban contra el enemigo se les proporcionaban las raciones calculadas por los escribas y provisiones que entregaban los dirigentes de los territorios que atravesaban.

Los escribas, además de la intendencia, se encargaban del reclutamiento. Para facilitar el recuento de las bajas enemigas y destacar sus propios méritos, los soldados cortaban una mano a cada guerrero que habían matado y la entregaban al escriba de su unidad.

Sin embargo, no todo eran ventajas. Sátiras de épocas posteriores describen de manera hiriente la vida de los soldados, insistiendo en la dureza del entrenamiento al que se sometían desde muy temprana edad, las penalidades que sufrían durante las marchas y las enfermedades que contraían en el curso de las expediciones a tierras lejanas.


vía : National Geographic 

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